



«Querida Matilda», escribí.
Dejé que mis palabras, todo aquello que quería decirle, fluyesen sobre el papel.
Y, cuando la tinta se secó, le entregué mi corazón al fuego.
Matilda, una diosa nacida entre las llamas del inframundo, ha sido bendecida con la noble magia de los mensajeros, por lo que es capaz de llevar cartas y secretos a través de los reinos; incluido su propio secreto: un chico mortal que aparece tan solo en sus sueños.
Hace diez años, Vincent de Beckett le escribió una carta a Matilda la noche más aciaga de su vida, suplicándole a la diosa con la que había entablado amistad en sueños que le brindase su ayuda. Pero sus plegarias no obtuvieron respuesta alguna, lo que endureció para siempre su corazón y acabó con su devoción por los dioses. Hasta que esa misma diosa apareció un día con una carta que contenía la promesa de un futuro más allá de los sueños, uno que podría reescribir los oscuros y sangrientos designios de los dioses. o acabar con ellos.